Frio. Demasiado frio en NY y después de una larguísima caminata por Central Park resulta urgente refugiarse en un lugar tibio y cómodo. Pero no son los factores climáticos los que empujan al encuentro del MoMA: el Museo de Arte Moderno es mucho, muchisimo más que un refugio contra un viento que te corta los labios.
Con el entusiasmo de un nene llegando al kiosco del barrio atravieso la puerta de entrada y el lugar me abruma por completo: “¡¿Qué hago primero?!”, pienso. Pero pasados los primeros momentos de ansiedad acomodo mis ideas, saco la entrada y empiezo, cámara en mano, el recorrido.
¡Visitante, vierte tu cuerpo!
El MoMA está pensado para inciar el recorrido en el sexto piso e ir bajando hasta encontrar la salida. Pero olvidando esa recomendación, arranco por lo último que uno debería ver: Una espectacular instalación audiovisual de la artista Suiza Pipilotti Rist.
Ese monstruo digital se llama “Pour Your Body Out (7354 cubic meters)” (Vierte Tu Cuerpo - 7354 metros cúbicos, se presentó entre del 19 de Noviembre de 2008 al 2 de Febrero de 2009) y resulta una golosina visual explosiva de sabores tan disímiles como el fluorecente más dulce o la penumbra más agria. Las tres enormes paredes de la sala del segundo piso hacen las de pantallas donde se proyecta la película conceptual que ideó la artista, pero no hay una imagen diferente en cada muro, sino que todo es una gran composición que rodea al espectador por completo generando en él la sensación de haber entrado a un mundo absolutamente nuevo. Imágenes de colores estridentes como un campo infinito de flores o la gelatinosa simulación de estar dentro de una lámpara de lava se alternan con la suciedad de la rueda de un tractor que pretende aplastarnos, un charco de agua estancada que ahoga a un par de pies indefensos y un jabalí que engulle las flores que hasta hace unos segundos disfrutaba felíz una hermosa peliroja despojada de ropas.
En el centro del lugar hay un sillón en forma de dona (o rosca de reyes, para usar una analogía más nuestra) y una alfombra circular que lo contiene; esto da lugar a que uno camine descalzo, se acueste en el suelo, charle con amigos en una posición relajada y disfrute del trabajo de Rist de la forma en que a cada uno le resulte más cómoda. Nuestro cuerpo, nuestra misma presencia ahí, ya forma parte de la instalación y tenemos la libertad de involucrarnos con ella a nuestro antojo. Por último, el sonido calmo y susurrante, que por momentos se acelera y se torna tenebroso, completa la experiencia de abstraernos del mundo exterior para sumergirnos en este lugar de fantasía en donde la belleza y lo grotesco conviven con total naturalidad.
Luego de 30 minutos oníricos, recuerdo que el MoMA es un lugar real, con gente de carne y hueso que trabaja en él y que tiene un horario de cierre; así que, sin dejar pasar un segundo más, retiro mi cuerpo de la instalación y ,ahora sí, me muevo al sexto piso con la satisfacción de saber que cometí un buen error: empezar la expedición en el lugar “equivocado”.
Leandro Cerliani
Crónica: Felíz error en el MoMA
miércoles, 25 de febrero de 2009
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Crónica 2: Trimarchi edición 2008
jueves, 9 de octubre de 2008

Trimarchi 2008
Por Florencia Kohan
Hola, soy docente de la catedra de medios expresivos I, estudié diseño gráfico y voy a contarles mi mirada "otra" sobre este festival Marplatense.
Empiezo por decirles que apoyo ampliamente este tipo de eventos ya que he tenido buenas experiencias a partir de ellos, razones que describiré a continuación.
(Comentario personal) Sin preguntarmelo mucho metí en mi maleta floreada unas remeras y faldas no advirtiendo que partía a Mar del Plata… mas el buzo finito y moderno no podría contra la gripe que traje de vuelta. Acaso la primavera nos hace ver el verano con mas ansiedad… quién sabe?
Una vez allí descubri que no usar pantalones es una marca personal poco inteligente para la primavera en la costa, por lo que ridiculamente encimé todo lo que tenía y claro q no fue suficiente.
Porqué estuve ahí?
En primer lugar me parece interesante escuchar proyectos relacionados con lo que hago, siempre con la expectativa de la sorpresa y la suerte de la inspiración =). Cuanta mas información uno tiene otra es la mirada, no podia ser negativo estar ahí otra vez.
En segundo lugar me atrae la idea de que suceda en la ciudad donde nací y viví la infancia que inspira el trabajo que desarrollo hoy y por último, descartando la posibilidad de un tsunami... estar cerca del mar siempre es un buen plan.
Para leer la crónica completa de nuestra docente Flor Kohan, descargá el pdf eligiendo la opción "free user".
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Crónica: Trimarchi edición 2008
martes, 7 de octubre de 2008

¿Qué es el Trimarchi? Parte 1
Por Erika Thomas
Me llamo Erika Thomas y soy amiga de la infancia de Florencia Kohan, docente de una de las cátedras de Medios de la FADU. Hacía mucho tiempo que no nos veíamos. Yo vivo en México desde hace quince años: trabajo para el diario La Reforma del DF y me invitaron de la organización de este festival por una nota que yo escribí en el suplemento de espectáculos que se tituló, “¿para qué sirven los festivales?”
¿Festival de diseño?, le pregunté a mi editor cuando me anunció el viaje. ¿Para qué sirve un festival de diseño?, pregunté con rabia. Tenés que ir, me respondió sin darme lugar a otra queja. Fue el viaje de regreso a la última adolescencia, a esa que se pega a la violencia de la adultez. Mi memoria registró a Flor, diseñadora y amiga de la infancia. Yo estudiaba la carrera de psicología cuando me fui a México a trabajar y a vivir. Después la cosa cambió, pero ese es otro tema. Me dijo que en el Trimarchi, así le dicen acá, iba a ver cuatro docentes de estas cátedras de la universidad que me iban a ayudar con esta reunión de diseñadores que emula a aquellos encuentros multitudinarios de poesías que en la década del 60 se hacían en el Royal Hall de Londres, y que tenía como invitados a Allen Ginsberg, Bella Ajmadulina, Hans Magnus Enzensberger, o, incluso, al mismo Pablo Neruda leyendo sus poemas. Quien vio imágenes de eso, en los filmes del británico Peter Whitehead -que hacía películas sobre famosos en el apogeo del swinging London-, no puede no resultarle conmovedor ver juntarse a miles de personas escuchar poesía, sentado o parados, pero con los comportamientos típicos de un espectador deportivo: gritos desaforados, aplausos, abucheos. En el Trimarchi pasa lo mismo, pero con otros exponentes, claro.
Para leer la crónica completa de nuestra invitada Erika Thomas, descargá el pdf eligiendo la opción "free user".
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